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El cultivo del pistacho en España ha experimentado un crecimiento extraordinario en la última década, convirtiéndose en uno de los sectores agrícolas más dinámicos del país. Regiones como Castilla La Mancha concentran alrededor del 80% de la superficie plantada, gracias a su clima continental y suelos favorables. La superficie dedicada al pistacho supera ya las 78.000 hectáreas, tras un incremento cercano al 3.000% en diez años impulsado por la alta rentabilidad y la creciente demanda internacional. Este auge ha venido acompañado de una fuerte tecnificación: riego eficiente, sensores, drones y procesado rápido tras la cosecha, lo que ha permitido mejorar la productividad y consolidar a España como uno de los principales productores europeos.
Aunque ha vivido un auge notable, sigue siendo un árbol de desarrollo muy lento, lo que exige paciencia y una planificación cuidadosa. Tras la plantación, el pistachero puede tardar varios años en ofrecer sus primeras cosechas comerciales, un ritmo que contrasta con otros frutales más rápidos. Durante estos primeros años, el crecimiento es especialmente pausado y el árbol dedica la mayor parte de su energía a formar un sistema radicular profundo y resistente, clave para su longevidad y productividad futura. En esta fase inicial, el control de la competencia vegetal es fundamental: el uso de herbicidas selectivos o estrategias de manejo integrado resulta habitual para evitar que las malas hierbas compitan por agua y nutrientes en un periodo en el que el pistachero aún no tiene fuerza suficiente para imponerse. Todo este proceso, aunque lento, se ve recompensado con una producción muy rentable y adaptada a las condiciones climáticas de amplias zonas de España.
Durante los primeros años, cuando el árbol aún desarrolla su estructura y apenas proyecta sombra, las malas hierbas se convierten en uno de los principales enemigos del cultivo. El problema se agrava porque el pistacho es un cultivo relativamente nuevo en España y el catálogo de herbicidas autorizados y sobre todo, selectivos con el cultivo, es muy limitado, especialmente en los primeros años, cuando el árbol es más sensible.
Es aquí donde surge Rokenyl® 50, de Corteva, un herbicida para el control de malas hierbas de hoja ancha en pre-emergencia que presenta una excelente selectividad, incluyendo nuevas plantaciones. Rokenyl® 50 basa su composición en un ingrediente activo, isoxaben, cuyo modo de acción y familia químicas son únicos en el cultivo.
Con una persistencia mayor que el resto de sus competidores en el mercado, se recomienda tratar el cultivo con Rokenyl® 50 al final del invierno o inicio de primavera, en pre-emergencia de las malas hierbas de hoja ancha. Además, para que el producto quede activado y sea más eficaz, se debe de incorporar con agua de lluvia o riego en un plazo máximo de 7 días desde la aplicación y de manera óptima en menos de 48 h.
La rentabilidad del cultivo a medio largo plazo es muy importante, pero mientras se planifica la correcta estrategia de comercialización de las primeras producciones, el periodo inicial es crítico. La elección varietal según la zona y la mejora de la precocidad y la productividad son necesarias. El lento desarrollo del cultivo no da cabida a errores, la toma de decisiones por parte de los técnicos responsables y la reducción de contingencias es clave. El uso de herbicidas de amplio espectro, muchos de ellos no selectivos con el cultivo, puede causar daños irreversibles si contactan con las partes verdes (follaje o el tronco) de las plantas jóvenes, lo que impactaría seriamente en el desarrollo del cultivo. Corteva, con Rokenyl® 50, proporciona una apuesta segura en este aspecto, ya que este producto presenta una excelente selectividad independientemente del estadio del cultivo, lo que lo convierte en una herramienta fiable para que las plantaciones jóvenes se puedan gestionar de forma segura y eficaz.